miércoles, octubre 17, 2012

CONVERSANDO

Articulo Publicado en el Boletín cultural 
del Proyecto Identidad Cultural Edición 2 – Octubre 2012 Tacna Perú
Imagen: OCASO: Oscar Tintaya

Yenine María Ponce Jara 

Durante mi etapa inicial de convivencia con las personas de campo, tanto quechuas como aymaras, les pedía con vehemencia que me enseñaran a interpretar “el lenguaje de la naturaleza”, para poder “conversar” con ella como veía lo hacían los andinos. Hacía preguntas como qué características debían tener las nubes que anunciaban lluvia, cómo debía ser la aureola que aparecía alrededor de la luna que anticipaba la llegada de las heladas, o cómo se ponía el cielo que anunciaba la repentina llegada de la noche. Esta gente, tan sabia, sonreía y me explicaba con paciencia, los más ancianos me decían que tenía que entender con el corazón, yo interpretaba esto como intuición o presentimiento; fue tiempo después que advertí, que eso no era conversar con la naturaleza, menos intuirla. 

El hombre del ande se sabe hijo de la Pachamama, madre tierra, todo su entorno natural también es percibido por él, como hijo de la tierra, por tanto es su hermano de madre; esto explica el esfuerzo del andino por mantener una relación recíproca y armoniosa con la naturaleza, que la concibe como una entidad viva con características muy humanas, como enfermar, enojarse, estar de mal humor, encapricharse o sentirse ofendida, o lo contrario, estar saludable, satisfecha, tranquila y hasta feliz: esto motiva las satisfacciones a las cuales se siente obligado para evitar romper reciprocidad con este entorno. 

Cuando se hace referencia a la concepción andina del entorno “Pacha”, en quechua, se menciona como un todo varias dimensiones. Medio natural: saqlla (quechua: naturaleza), entidades sagradas; divinidades, wak´as o mallk´us (dioses o abuelos en quechua y aymara); los seres humanos (runa en quechua, Jaqui en aymara), a quienes reconoce como parte de su ayllu (familia o pueblo), y al espacio de lo velado para ellos (ukhu pacha en quechua). 

Entendemos que la deidad andina que ha sido objeto de mayor atención, y que difícilmente dejamos de mencionar cuando abordamos temas quechuas y aymaras, sea la Pachamama, esto porque siendo al igual que las montañas sagradas Apus, Huamanis, Achachilas, es el hábitat más directo y cotidiano del hombre de ande, que además está en estrecho vínculo con su sobrevivencia,.También el hombre andino establece con la misma trascendencia relación con el sol, la luna, las estrellas, algunas constelaciones (como las pléyades, la cruz del sur, o el cinturón de orión), el agua, el viento, la lluvia, la nieve, las piedras, lo que está en la superficie y el interior de la tierra. Cada uno de los seres de su entorno, obedece a una jerarquía establecida ancestralmente, y todos evidencian un nexo con categorías de parentesco (hijos o hermanos mayores o menores, padres, madres y abuelos) y todos merecen ser respetados y tributados de algún modo. 

La gente de ande se siente en la obligación de ritualizar respeto y afecto por todo lo que le rodea, y a varios de manera especial porque les atribuye status divino. Este trato casi “personal” que tiene con ese entorno lo obliga y de muy buen grado a mantener un trato cariñoso y considerado, a pedirles “permiso” o “licencia” cuando debe afectarlos de alguna manera, solicitarles como un favor especial lo que requieren de ellos y compensarlos cuando el favor ha sido otorgado. Establecen estos “puentes de comunicación” durante los rituales, las ofrendas (alcanzo, despacho, mesa, wilanchas), la danza, el canto, la música, pero es una actitud cotidiana establecer una “conversación” íntima, con la naturaleza en cualquier momento, tanto de forma personal como en grupo, para agradecerle, solicitarle y hasta recordarle lo convenido, porque a esta suerte de conversación, el andino la advierte como ponerse de acuerdo, aceptar, acordar mutuas obligaciones, establecer un compromiso de responsabilidad compartida, con ternura, con respeto, con gratitud. 

Cuando salía con los pastores de alta puna muy de madrugada para recorrer regulares distancias en busca de buenos pastos para alpacas y llamas cuando eran aymaras, y generalmente ovejas con quechuas, escuchaba que solían pedirles a sus animales llamándolos hermanos y hermanas que se portaran bien durante el día, que estuvieran alertas con las crías por si aparecía un zorro, que no se alejaran del grupo y luego solicitaban a los Apus que ayudaran a los pastores a cuidarlas adecuadamente, porque eran sus hijas. A la Pachamama  le pedían que les mostrara buenos pastos cerca del agua, que le hablara bonito al machu athoq (al zorro viejo), y le recomendara que no moleste a sus hermanitas, encargaban al viento que les trajera rápidamente el olor del zorro para alertarlos y al sol que secara rápidamente el helado rocío para que los animales no enfermaran y también los iluminara durante el camino de regreso. Los pastores se comprometían a cambio, dejar caminar a los animales plácidamente sin apurarlos, a llevar en brazos a la crías más pequeñas, o a entibiarlas en su regazo si hacía mucho frío, a no dejarlos solos sin cuidado o protección, a caminar lo necesario y aún más para que comieran lo suficiente, a guardarlos temprano, y asegurarse que durmieran calientes. 

Este compromiso mutuo, cuando se logra se entiende como "comprensión".  La comprensión es una atención acuciosa y una observación escrupulosa de lo que ocurre en la naturaleza después de haber conversado con ella, es la capacidad de sentir la vida íntima del entorno en las cosas que el citadino común no toma en cuenta, es entender un lenguaje secreto y sintonizarse con él. Si el cielo se despejaba de pronto, si una suave brisa soplaba delicadamente, si los animales no se encabritaban, o se encontraba rápidamente buenos pastos, o atardecía más lentamente, eran síntomas de que se estaban haciendo las cosas bien y se vivía en armonía con el entorno. 

Nunca aprendí a predecir lluvias o heladas, menos a dejar de mirar mi reloj para saber si ya llegaba la noche, pero aprendí a abstraerme para escuchar el silencio y entender la quietud mientras caminaba junto a mis hermanos.

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