martes, septiembre 11, 2012

TEJER, TOCAR, CONTAR, CANTAR, EN EL MUNDO ANDINO

Articulo Publicado en el Boletín cultural 

del Proyecto Identidad Cultural Edición 2 – Junio 2012 Tacna Perú

Por: Yenine Ponce Jara

“El viento le trae las canciones a mi oído,
si viene del lado del Apu son canciones de amor,
si vienen con las Tutucas[1] del lago suenan fuerte como sus suspiros” 
Músico de Amantaní

Durante las noches previas a las celebraciones y las ofrendas a los dioses andinos, solía con mi mantita viajera acurrucarme al helado sereno de las comunidades circunlacustres del Titicaca, compartía con los tocadores, escuchaba las melodías de su instrumentos y los oía conversar, tomaba nota de cuanto decían y, en algunos casos cuando se me permitía, filmaba todo cuanto sucedía allí. Celebración tras celebración escuchaba, y aún ahora, una frase reiterativa entre los guías del conjunto, “He sacado un sikuri[2] bien bonito ¡¡escuchen!!”, o durante el tiempo húmedo “¡¡He sacado una pinkillada, van a ver!!”  y  los músicos masintin[3] en breve respondían, “Yo voy a sacar las letritas para esa canción, les va a gustar” .
Durante mi grata estancia en el distrito de Pucará, también en Puno, en mis largas charlas con los ancestrales alfareros, también oí a los viejos referirse a sus diferentes esculturas de barro con la frase: “he sacado un Hatun Ñaq´aq[4]”, o en algunos casos, “unos toritos diferentes, diferentes bien lindos”.
La memoria me remite ahora a las tejedoras de Chinchero, en Cusco, y a los tejedores de la Isla de Taquile, en Puno, explicándome con paciencia el significado de los diseños y el uso de los colores en los pallay[5] de sus refinados textiles con la contundente afirmación de que “desde el tiempo de nuestros abuelos nosotros sacamos estos dibujos para nuestros tejidos”. Intenté  determinar cuál es el lugar, espacio o tiempo de donde el ideal andino “saca”, la belleza, su creación.
Para el hombre del Ande, la creación, no comparte la definición de arte como en occidente, no existe la creación para la recreación de la belleza, absolutamente todo debe tener, y tiene, una función, y debe cumplir un objetivo especifico. Cuando un elemento por sus características se convierte en una exacerbación de estética, está dirigido a sus dioses, porque es de ellos de donde proviene, sea a los dioses del orden o a los dioses del no orden, los aymaras y los quechuas los tributan por igual.  
Recordemos los mitos de los dioses andinos Wiracocha y Pachacamac, creadores del tiempo y espacio físico y metafísico: “Pacha”. En este ámbito confluyen al mismo tiempo tres espacios, el “Alax Pacha” para los aymaras, o "Hanaq Pacha" para los quechuas, donde habitan los dioses; el Kay Pacha, o Aka Pacha aymara, morada de todos los seres vivos, hombres, plantas, animales; y el Manqha Pacha aymara, o Ukhu Pacha quechua, es el mundo del no orden, allí se encuentra lo oculto, lo inexplicable, la magia, las almas, las enfermedades, la creación humana, como la música o la alfarería. (Luis E. Valcárcel, Etnohistoria del Perú Antiguo; UNMSM. Lima, 1997). 
Nuestra cultura tradicional explica que estos ámbitos se hallan en permanente confluencia y en determinadas ocasiones, horas del día, o lugares, una perturbación de la realidad del Aka Pacha establece umbrales que nos permiten aproximarnos, solo aproximarnos, a los otros mundos, porque una entidad viva tiene que morir para ingresar el mundo de lo oculto.
Sin embargo, como el Manqha Pacha o Ukhu Pacha es también el espacio de lo mágico y de la creación humana (arte en occidente), solo los que tienen el privilegio de la permisibilidad otorgada por los dioses (artistas en occidente), pueden aprovechar uno de esos umbrales para metafóricamente introducir las manos y “sacar” un fragmento de creación –la idea del poema que se compone ya está en ese mundo–, lo que advierte que todo lo que existe ahora, ya fue creado en el pasado. Es que el ordenamiento circular, o Pachacuti, que tiene el cosmos andino revela nuestro tiempo y espacio como cíclico y circular, vale decir todo los eventos se repiten sin ser necesariamente idénticos ni iguales, el futuro es también un regreso al pasado, y así sucesivamente, vamos caminando por este presente hacia el pasado, cargando los recuerdos de nuestro futuro.  Es por eso que en los Andes se piensa y construye la vida de acuerdo a lo que el pasado ha establecido.
Aclaremos no obstante que esta condición de percibir los órdenes no implica quitarle capacidad creadora al autor. El momento de “sacar” el fragmento de creación provoca una crisis que el artífice lo compara con un alumbramiento, vale decir es una acción de “Parir” su creación, esto le da al autor la potestad de dar “vida” a su arte. Recordemos que la música, los textiles, las esculturas, el canto, la poesía, la oralidad y demás, son entidades “vivas”, en el pensamiento andino.[6] El artista proviene de los dioses de la alteración y la perturbación, del no orden  de lo inexplicable, de lo mágico.

1] Vientos huracanados.
[2] Tanto los Sikuris como las Pinkilladas, son géneros musicales andinos de muy antigua data, compuestos por conjuntos orquestales de un mismo tipo de instrumento pero de diferentes tamaños y afinación, aun están vigentes y son interpretados durante las estaciones y festividades que les corresponden.
[3] Masintin y Yanantin son los dos términos con que se explica el concepto de dualidad andina, el primero como el complementario equivalente y el segundo como el antagónico complementario: Tristan Platt: Espejos y maíz, La Paz 1976.
[4] Hatun Ñaq´aq. “El degollador”, importante personaje de la cultura pansureña pukara, cuya escultura principal está hecha en piedra, actualmente en el museo lítico de Pucará. De la misma manera, al hablar de los toritos, hacemos referencia a los “Toritos de Pucará”, tradicionales figuras de barro que caracteriza a esta región y que es una representación de la abundancia y la fertilidad.
[5] Se denomina Pallay al profuso conjunto de colores y diseños que se colocan en el centro de los textiles de importancia y que explican el concepto del chaupi o taypi andino (Zuidema 1989: 125).
[6] Para profundizar en estructuras simbólicas andinas remitirse a Ansión 1987, Rostworowski 2000, entre otros.

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