martes, noviembre 09, 2010

TRIBUTOS EN EL SUR: "En ayni no más"

Yenine María Ponce Jara
Uno de los mayores problemas al que se enfrenta el estado peruano, es la resistencia de ciertos grupos de comerciantes a pagar sus impuestos y formalizarse. Esta condición, al margen de la legalidad, ha promovido considerables fortunas que aun ahora se resisten a contribuir al Estado y oficializarse.
Hernando de Soto, en "El otro sendero", aborda ampliamente el tema aseverando que el largo y engorroso trámite de la legalidad y su alto costo, eran los principales obstáculos al que debían enfrentarse los empresarios en general. El estado peruano inmediatamente inició la simplificación del trámite, sin conseguir plenamente el resultado deseado. En lo que se refiere específicamente a los grupos de comerciantes (denominados contrabandistas) del sur, el análisis del problema puede estar más cercano a una explicación cultural.
Cuando un grupo cultural es ajeno ancestralmente a ciertas prácticas es más resistente al cambio o a la introducción de nuevos hábitos; sin embargo, estos grupos sí tienen una memoria de retribución al estado, y estaban acostumbrados al pago de tributos desde antes de la colonia.
Nuestra memoria andina aun conserva la noción de "retribución" como concepto y práctica, más aun, como una forma de ordenar nuestro mundo. Se paga un tributo (ofrendas) a los dioses para propiciar o agradecer todos los aspectos de la vida cotidiana; se denomina Ayni al sistema de trabajo corporativo entre los miembros de un grupo vinculado por parentesco, afinidad o vecindad, en labores de tipo agrícola-ganadero, edificaciones y otros, con la fundamental condición que esta ayuda se corresponda de igual forma cuando ellos la necesiten.
La minka o minga, es una antigua tradición andina de trabajo comunitario o colectivo con fines de utilidad social, está vigente en la región andina desde la época precolombina y ha influido o se ha mantenido en espacios más citadinos hasta el día de hoy. Su finalidad es de utilidad comunitaria, como la construcción de edificios públicos o beneficiar a una persona o familia en necesidad, se caracteriza porque implica la participación de todo el grupo, varones, mujeres, adolescentes y niños contribuyendo con un trabajo acorde a sus capacidades, que además debe ser retribuido en su momento.
Bajo el dominio incaico, las comunidades que estaban anexadas al grupo inca también estaban integradas en un sistema de obligaciones, entre ellas la exigencia estatal de aportar con la mano de obra de varones y mujeres como tributo, este sistema de labor se denominaba “Mit´a”, que incluía el trabajo en los valles sagrados donde las tierras agrícolas, los animales y las tierras de pastoreo estaban destinadas al dios Sol y al Inca; se contribuía también con textiles, fibra de llama y alpaca, vellón y tejidos de vicuña, generalmente a cargo de las mujeres; artículos de exquisita confección de cerámica, y trabajos de orfebrería.
La contribución obligatoria también incluía un porcentaje de la cosecha, de animales de pastoreo, el trabajo en las obras públicas como la construcción de puentes, la red de caminos de comunicación que de acuerdo a su importancia se denominaban Ñam, o Capac Ñam cuando comunicaban lugares sagrados, y las posadas, “T´ampus”, respectivas cada cierto tramo.
El excedente del tributo en productos, luego de satisfacer las demandas del Inca y de las panacas, (élites familiares matrilineales), era procesado para su conservación, la papa deshidratada se convertía en chuño y moraya, la carne de llama y alpaca expuesta al sol y al frío se convertía en charqui, el maíz era secado al sol como otros productos, todo esto era almacenado en los depósitos o Colcas, construidos específicamente para este fin. Durante las épocas de sequía, inundaciones u otro tipo de desastre natural, o guerras que afectaran a cualquiera de las poblaciones anexadas al grupo inca, las poblaciones era eximidas del impuesto y más bien el contenido de las colcas era repartido equitativamente entre las poblaciones afectadas, lo mismo ocurría con la ropa, permitiendo al Inca mantener seguro a su pueblo. Si las colcas excedían sus capacidades, los productos eran redistribuidos oportunamente.
Al inicio del periodo colonial, a diferencia de la época incaica donde el tributo era selectivo, se establece un equivalente tributario para toda la población. Con grupos culturales que no conocían la moneda, y con el escaso dinero acuñado, muchas transacciones comerciales y sobre todo el pago de los impuestos se realizaban según las pesas de plata, que eran barras o trozos de plata pura, que se usaban entonces y que eran denominadas “Piña”. Esto ya provoca un quiebre entre las comunidades andinas que eran obligadas a pagar dicho tributo, estuvieran o no en condiciones de hacerlo.
Durante la colonia este sistema de obligaciones se distorsionó aun más, la exigencia inca estaba de acuerdo a las capacidades de los pueblos, la exigencia hispana fue inmisericorde. Durante el gobierno del Virrey Toledo se implantaron dos formas de tributo, una de ellas en moneda, denominada “Tasa”, y la otra en prestación de trabajo, que mantuvo su nombre original de mita, pero este trabajo era desarrollado mayormente en las mina auríferas, argentíferas y de otros minerales, donde perecieron millones de varones y mujeres de nuestro pueblo. El sistema de retribución incaico, jamás se replicó en la colonia.
Durante la república, la contribución en moneda denominada tasa, se convirtió en la “contribución indígena”, que sólo cambió en su denominación. El sacrificio que significaba para las poblaciones el pago de los impuestos y la inexistencia de las formas de retribución que otrora se percibía en la organización andina, provocaba hondo sufrimiento en la población. Sin embargo, las comunidades tradicionales entendían el pago de los impuestos, en los mismos términos históricos del antiguo “estado” inca, como el medio que les garantizaba los derechos sobre sus tierras en perpetuidad, y la continuación de sus formas de vida, lo que Isbell denomina “la reciprocidad pública” (Isbell, 1985 pág. 167). En su condición de contribuyentes escrupulosos y trabajadores del estado las comunidades gozaban de derechos garantizados a sus tierras por la agricultura y el pastoreo (Arnold y Yapita, 1999 pág.21).
Las comunidades entendieron plenamente su obligación, pero también sobre entendieron la retribución por parte del Estado; actualmente, ¿se percibe retribución del Estado? Sería ocioso hablar de la poca presencia del Estado en la casi generalidad de las regiones del sur, no la entendamos en términos paternalistas o populistas, el pueblo andino tenía muy claro que debía “dar” para “recibir”, pero se ha roto el ayni y la minca. Se ofrenda generosamente y hasta de manera ostentosa a los dioses, se organizan como antaño para trabajos comunales en beneficio de sus poblaciones más inmediatas, pero han dejado de sentir obligaciones con el Estado.
Esto explicaría el porqué los habitantes del sur, prósperos, tenaces e infatigables comerciantes, se resisten a contribuir con sus impuestos, sabiendo que es su obligaciones, pero percibiendo que no hay una real y beneficiosa retribución, no individual, sino colectiva.
Foto: Ilustración de Felipe Guaman Poma de Ayala sobre la contabilidad inca de productos almacenados en las colcas.

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