lunes, noviembre 22, 2010

SIKURI: TEJIDO DE MÚSICA

                              Imagen: “Sicuris”, óleo sobre tela, 1.00 m. X 0.91 cms de Julio Quispe Virhuez

Yenine Maria Ponce Jara
Muchachita flor de cactus
pedacito de mi corazón,
tú vas tejiendo este romance
de nuestro cariño.

Melodía popular de sikuri

La tarde del último sábado, en una sobre mesa enriquecida por temas diversos y conversando con dos confesos admiradores y degustadores (por así decirlo) de la música de sikuri como son Carlos Velaochaga[1] y Alfredo Herrera Flores[2], surgió la pregunta de si las recientes composiciones de los conjuntos de tocadores de este ancestral instrumento se basaba en la antigua música de los primigenios Sikuris, y de cómo son las formas de composición de estas melodías sagradas actualmente… Me quedé pensando… nada más cerca de nuestra memoria pre colombina y pre inca que el sikuri. Pero lamentablemente no podemos saber cómo era la música entre los grupos del norte del Perú, como Salinar y Nieveria, donde se encuentran los primeros pares de antaras, menos podemos aproximarnos a la música emitida por los Mochica y los Nazca, en los que ya se evidenciaba la presencia del concepto dual y por tanto ya existía un diálogo musical entre las dos partes del instrumento. Las antaras de piedra y de otros materiales del sur también nos han negado su palabra, no sabemos, solo intuimos y nos remitimos a nuestra memoria ancestral contenida en ese trance que nos provoca el escuchar los bombos que acompasan con el latido del corazón y el sonido soplado de esta música de dioses que sacude nuestro ser interno y sale al exterior en forma de lágrimas.
Tito La Rosa[3] logra acceder a los depósitos del Museo de Antropología y Arqueología en Pueblo Libre, Lima, Perú, y con estos instrumentos antiguos, y guiándose más bien por la intuición y explorando todas las posibilidades dentro del universo sonoro, logra producir melodía con ellos, pero es imposible tener la certeza de que esa era la combinación de sonidos que entraba en el concepto de música entre los antiguos peruanos, su memoria se ha perdido en el tiempo.
Respecto a las formas composicionales es diferente, la emoción del artista trasciende al tiempo, el sikuri ha sido considerado sagrado como la mayor parte de la música en el ande[4], el arte musical como lo concibe occidente, difiere mucho de nuestros conceptos de música e instrumentos en este lado del mundo. Aquí nada deja de cumplir una función, en los suelos de creencias andinas nada se crea o se hace por el placer de hacerlo, debe tener una finalidad y cumplir una tarea, esto le da calidad de estar “viva” a cada una de las acciones, la música no podía estar exenta.
El concepto andino de hacer música es un concepto artesano, la melodía se teje como los hilos que forman un textil, la música posee varios colores (frases musicales) que se trenzan, vale decir se van entramando, entretejiendo; clara en la concepción dual, esta música va dirigida a una deidad específica (las más importantes son los Apus y la Pachamama), en un tiempo determinado (tiempo seco o tiempo húmedo) y es el puente de comunicación entre los hombres y los dioses durante los rituales.
La música del sikuri, como la mayor parte de la música ancestral en el ande, es circular. Como el concepto de Pachacuti (el eterno retorno) se compone generalmente de dos o tres frases musicales que desembocan en el chuta chuta, donde la conversación entre Ira y Arca (los dos componentes instrumentales del siku y que tiene connotación masculina y femenina respectivamente) se hace más notoria, el ritmo se acelera y los bombos marcan la vuelta y la deshecha a los grupos de danzantes; el chuta chuta es el taypi de la melodía (taypi es el centro de donde se emite la energía que permite la interacción entre las dos partes de la dualidad), este patrón composicional se repite infinitas veces y se matiza con cambios de ritmos y con el silencio de los sikus para dar paso a las voces de los tocadores acompañadas de los bombos (percutores rítmicos), porque los bombos son el taypi del conjunto de músicos, se colocan en medio y giran en sentido contrario a los tocadores de Ira y Arca, produciendo las fuerzas centrífugas y centrípetas en las que se basa la idea de "equilibrio" de la filosofía andina.
Ira y Arca son yananti o yanani [5] (opuestos complementarios como el día y la noche) y los tocadores son masanti (pares iguales como los ojos y las manos), el taypi de los tocadores es el guía principal sus yananti y masanti son los guías de Arca y de Ira.
Los conjuntos, tropas de sikuris, se conciben diferentes de las otras agrupaciones de sikus y son sumamente competitivos entre ellos. Los Tinkus (batallas rituales entre opuestos complementarios) simbólicos, se dan en las competencias entre varias tropas, cuando tocan al mismo tiempo, difícilmente accederán a callarse, solo la presencia de algo o alguien que semeje a un taypy, centro, cerrará el círculo o la vuelta completa del pachacuti y se callarán todos al mismo tiempo.
Cada tropa de sikuris tiene un “corte de caña particular”, vale decir una afinación instrumental exclusiva, por ello es difícil juntar dos tropas para tocar al unísono, cuando tocan todas al mismo tiempo son los sonidos disonantes los que buscan un equilibrio entre los “diferentes” que son “iguales”, recordemos que la competencia solo es lógica entre semejantes.
Como antaño, entre las regiones y los ayllus precolombinos donde la vestimenta connotaba status y pertenencia a determinada comunidad, durante las celebraciones o festividades, las vísperas congregarán a los conjuntos de tocadores ataviados generalmente con el denominado “Poncho Huairuro”, ponchos de líneas verticales rojas y negras, y el chullo, que generalmente ostenta el distintivo del conjunto. El “traje de luces” o atuendo festivo es particular de cada grupo, es decir el poncho huairuro es el distintivo de la comunidad, y el traje de luces es el distintivo del ayllu o familia, entre los sikuris como en las comunidades andinas, se distingue solo al conjunto, no hay individualidades.
Mis entrañables amigos tocadores de Amantaní y Conima, zonas quechua y aymara de la región de Puno, al sur del Perú, silenciosos sabios que guardan en su memoria toda la sabiduría de nuestros pueblos y excelentes tocadores y compositores de melodías de sikus, coincidieron en que componer música es como hilar un vellón o desenvolver un núcleo que va envuelto en muchos tejidos, cada textil con un género propio. Uno femenino y el otro masculino que se combinan alternadamente como para Ira y Arca.
La composición se va “pariendo” poco a poco, hasta que toma forma y nace y es viva, el estado de creación se concibe en el ande como un alumbramiento a veces lento y doloroso, pero siempre feliz.
El hombre del Ande entiende el trascurso de la vida como circular, Pachacuti, el eterno retorno. Entonces, estamos caminando el presente que ha dejado atrás el futuro rumbo al pasado, la música que se crea y que ha venido del futuro camina hacia las sendas de los abuelos y las abuelas, nada de lo creado es nuevo, solo estamos recordando para no equivocarnos.
Por ello el sikuri no solo es música, es una filosofía.

¡! CHANMAMPI, HAYLLI SIKURI !¡

[1] Antropólogo peruano nacido en Lima con continua producción especializada en religiones, actual miembro del AMEA, Asociación Mundial de Escritores Andinos.[2] Escritor y poeta peruano nacido en Lampa, Puno, entre otros premios nacionales ha sido ganador de la VII bienal de Poesía Premio Copé.[3] Reconocido músico peruano que se dedica a recuperar, conservar y estudiar la música ancestral de Perú su última producción es: la profecía del águila y el cóndor.[4] Para una lectura más clara del presente artículo sería bueno remitirse a los siguientes artículos de este blog: VIRGENES Y SEÑORES - DUALIDAD ANDINA; ESTRUCTURA FISICA Y MUSICAL DEL SIKUS; ARTE Y MEMORIA EN LA COSMOVISION ANDINA y SONQOJAWA: “EL BOMBO ES MI CORAZON”
[5] Plat, Tristan, 1978. El concepto de yananti entre los indios Macha de Bolivia.

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