miércoles, noviembre 03, 2010

RITUALIDAD DE LA MUERTE (primera parte)


Yenine Maria Ponce Jara

En el sur andino los fallecidos son parte viva y activa de la comunidad y la familia, la muerte no es un disloque, sino un paso más que da el ser humano en forma natural de esta a la otra vida, es por esto que se asegura que los difuntos necesitarán agua, comida, ropa y ayuda de algunos animales en el proceso de esta nueva "vida"; lo que explica la remota costumbre en los Andes de preparar panes en forma de Wawas y animalitos para el culto y veneración de sus muertos. Sin embargo, su celebración en el mes de noviembre, se debe más bien a la herencia cultural de las tradiciones paganas europeas que llegaron durante la colonia española, la Iglesia Católica destinará posteriormente el primer día de noviembre para celebrar la fiesta de Todos los Santos.
En la tradición religiosa pagana europea se celebraba al señor céltico de los muertos, Samhain, que se creía era quien permitía que las almas retornen por la noche, en los pueblos se encendían entonces enormes hogueras para ahuyentar brujas y demonios. En el ritual se sacrificaban porciones de cosecha, animales y hasta seres humanos, la gente consultaba adivinos y usaban disfraces de cabezas y pieles de animales para sus ceremonias.
Los celtas fueron conquistados por los romanos que guardaban la costumbre de orar por sus muertos en el Panteón, templo dedicado a la diosa Cibeles y a otras deidades romanas, esta celebracion se realizaba cada 31 del mes de octubre. El año 610, el emperador Focas dio el templo de la diosa Cibeles como regalo al Papa Bonifacio IV, quien lo dedicó a María y mártires de la Iglesia, a partir de esa fecha los romanos cristianos iban al mismo templo a orar por sus muertos, en nombre de María y los mártires. El año 837 de la era Cristiana, el Papa Gregorio IV ordenó que la Iglesia celebrara el 1 de noviembre como “DIA DE TODOS LOS SANTOS", vivos y muertos. A pesar de ser protestantes los pueblos anglosajones, conmemoran lo que en inglés antiguo es el "All Hallows E'en," hoy conocido como "Halloween," que de acuerdo a la "Enciclopedia Británica" indica que "El 31 de octubre también era la víspera del año nuevo tanto en tiempos célticos como anglosajones, y era el día de una de las más antiguas festividades del fuego".
En nuestra tradición andina la muerte motiva un duelo ritualizado que da sentido al destino universal de "volver al origen", o el retorno "Pachacutic", "el retorno al principio"; el entierro de los muertos es la siembra de la semilla de la vida para una nueva generación; es por ello que el vocablo quechua "Mallqui", y el vocablo aymara "Mallqu", simbolizan lo mismo, aluden al mismo tiempo tanto la idea de muerte como de nacimiento.
Se denominan de esta misma manera tanto a las momias de los antepasados como a los primeros brotes de las plantas o retoños, el mismo concepto abarca la muerte ritual de sacrificio donde se esparce la sangre de la “wilancha” (ofrenda ritual del sacrificio de la alpaca), para fertilizar la tierra. Durante los Charajes quechuas y los Tinkus aymaras (enfrentamientos rituales de equilibrio de los componentes duales entre comunidades), generalmente ocurren muertes de una u otra parte, y esta es celebrada porque la sangre derramada da la posibilidad de nueva vida.
Por esta razón en el duelo andino desde tiempos inmemoriales no tiene cabida el miedo a la muerte, no se la niega, se la enfrenta como parte de la vida misma, es otra vida, otro status, y por medio de los simbolismos presentes en los ritos relacionados a la muerte se mantiene vigente la presencia de los antepasados, tanto a nivel personal como comunitario. En la cosmovisión andina el mundo de los muertos no es algo separado del mundo de los vivos, el hecho de morir no rompe los vínculos que había con la comunidad, el difunto sigue siendo comunero, aunque en una nueva situación.
Esos lazos con la comunidad y con la naturaleza cercana, quedan patentes en el deseo de volver para morir en su tierra y en el permiso que tienen las "almas nuevas" de visitar en ciertos días los lugares donde han vivido, en un sentido más amplio existen dos concepciones de Pacha mama (madre tierra), Hatun Pacha Mama en quechua, y Jach'a Pacha Mama en aymara, que es la Madre Tierra Universal que sostiene la vida, pero además existe un concepto más especifico para referirse a la tierra donde uno ha vivido, jisk'a Pacha Mama en aymara y j´uchuy Pacha Mama en quechua. Esta Pacha Mama comprende la casa, los terrenos de cultivo y la comunidad o ayllu en general (Ver F. Montes 1984 Pág. 252)[1].

[1] Montes Ruiz, F. La Máscara de Piedra - Simbolismo y Personalidad Aymara en la Historia. Edit Quipus, La Paz 1986.

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