miércoles, noviembre 03, 2010

RITUALIDAD DE LA MUERTE (segunda parte)

Yenine Maria Ponce Jara

La ritualidad del hombre andino respecto a la muerte tiene varias etapas, las que a su vez contienen dos o tres momentos culminantes, un ritual que si bien es cierto se particulariza en cada comunidad, conserva formas similares.

Las exequias: a la que caracterizan los anuncios de que ha acaecido la muerte de un miembro de la comunidad, muchas veces de voz directa a los vecinos o amigos más cercanos para que se encarguen de difundir la noticia, otras veces lo haen con sonidos de instrumentos como "Pututos" (caracolas marinas cuyo sonido, al ser sopladas, es considerado sagrado) cuando la persona gozaba de importancia en la comunidad, o también con tañidos de campanadas del templo local. Cuando la persona falleció fuera de su comunidad, los pututos o las campanas tañerán en el momento de la llegada del féretro al pueblo. Rápidamente los amigos y familiares se organizarán para ocuparse de diferentes actividades que abarcan desde la limpieza del espacio donde se realizará el velorio hasta la preparación de las bebidas y comida, así como de los trámites de documentos y todo lo que se necesitara para todo el proceso.
El velorio: cuando la muerte ha acaecido fuera del pueblo, el difunto, colocado en el féretro, llegará acompañado de deudos y amigos primero a la iglesia para una oración o responso antes de ser velado. Se acompaña a los deudos todo el día y la noche, los amigos y allegados llevarán bebidas y comida o los insumos para su preparación. Los deudos se encargan de proporcionarles bebidas calientes con dosis de alcohol, cigarros y hojas de coca a los presentes. Durante el velorio suceden continuamente momentos de oración. Los visitantes se turnarán para evitar que la familia se quede en algún momento sola; cuando se despiden, se hace "un rezo personal ante el difunto". Estos espacios son de reencuentro y de comunicacion e informacion de diversos temas entre los miembros de la comunidad.
El entierro. en este momento, al medio día se compone el cortejo, con conjuntos de músicos, que pueden ser sicuris o una banda, dependiendo del status de la familia, se parte de la casa familiar con todo el cortejo, rumbo al templo. Si no existiera el edificio se improvisa el espacio sagrado a campo abierto. Culminada la misa, se da una vuelta por el pueblo, como despedida antes de dirigirse al cementerio. Después del entierro retornan a la casa donde quedaron encendidas las velas en el túmulo, el rezador hace un responso y las apaga. Se reparte comida, como muestra de “cariño", o gratitud de los deudos y los amigos acompañan toda la noche y parte del día siguiente a la familia. Los compromisos por parte de allegados para cumplir con el trabajo agrícola o de pastoreo que dejara pendiente el difunto se dan en ese momento.
La conmemoración: El paigasa, o pagapu, es la "despedida del alma", que tiene lugar a los ocho días. Se realiza un nuevo velorio con toda la ropa del difunto y le sucede el "lavatorio" de la ropa entre los grupos quechuas, o el quemado de la ropa entre los aymaras. De esto se encargarán los amigos y compadres o familiares lejanos entre los quechuas, y tres personas: dos hombres y una mujer, entre los aymaras. Posteriormente interpretan presagios de muerte en el humo y figuras del fuego, o en las ondas del agua y lo que se haya encontrado en el camino hacia el río, o el lugar donde se ha quemado la ropa. El resto de amigos y familiares esperan el retorno de estas personas para enterarse de los presagios, luego se participa de una comida. Existe la creencia de que si se quedó alguna prenda sin lavar o sin quemar, el alma caminará por los alrededores sin descanso.
El ritual de los siguientes tres años: generalmente en el mes de noviembre, durante la celebración de Todos los Santos, los días uno y dos, las "almas nuevas", de acuerdo al culto andino, reciben una atención especial. Durante los tres primeros años que siguen al fallecimiento del familiar, exactamente al medio dia del uno de noviembre, se ubica una mesa en un lugar principal de la casa del finado, en ella se colocan los alimentos y las bebidas de su preferencia, se llena la mesa de dulces, galletas con diferentes formas hechas especialmente para la ocasión y las caracteristicas wawas de pan (panes con formas de niños envueltos), y otras figuras de la misma masa, se enciende una vela, y los familiares hacen una romería al cementerio, en lo posible con la cooperación de una banda de músicos, que en los sectores aymaras del noreste de Puno, Perú, es la primera entrada de “pinkillos”, instrumentos de tiempo húmedo, cuyo sonido es dedicado a la pachamama.
Conmemoración de “Todos los Santos”, compromete a las familias que han perdido recientemente a un ser querido, preparar las ofrendas llamadas “altares” o “mesas”. Se dispone en una mesa, adornada con flores y un bello mantel, un crucifijo, velas, la fotografía del difunto, panes en forma de “Wawas Walt´adas” (niños envueltos), herraduras, coronas, escaleras de bizcochos, con formas de animales como palomas, caballos, llamas, ovejas, perritos, además de frutas, galletas de distintas clases y sabores, maná y caramelos de colores; platos de la comida que gustaban al difunto; vino, licor, cerveza y vasos de agua, porque cuenta la tradición que los difuntos llegan a visitar a sus parientes y amigos por 24 horas, cansados, con sed y hambre, a partir de las 12 del día del uno de noviembre.
En comunidades más tradicionales los animalitos se hacen de “Quispiño”, masa de harina de quinua y kañiwa, y se incluyen cigarrillos y hojas de coca que se mascarán con bolitas de ”llicta”. Alrededor de las “mesas” se come y liba licor, en la madrugada, un plato caliente de “lagua”, o un caldo de cordero o gallina, recuperará a los acompañantes que no han descansado durante la noche.
Las wawas de pan representan a los difuntos, las escaleras son para ayudarlos a subir al cielo. los animales como caballos y llamas aliviarán el paso de las almas y el peso de sus pecados por tierra, las aves por aire y los perros por agua, (algunas veces se incluyen peces). A partir del mediodía del día uno, grupos de niños visitan las casas que han levantado altares para rezar y cantar con fe y devoción oraciones que madres y abuelas les enseñaron, se les obsequia parte del contenido de la mesa; los mayores visitan las tumbas de los familiares, amigos y conocidos para rezar por sus almas. El día dos de noviembre, por la tarde, todos consumen el contenido de la ofrenda y aún más, se repartirá a manos llenas entre los asistentes. Desde la noche anterior, los más pobres irán vistando las casas con "almas nuevas", a cambio de la provisión preparada para las ofrendas, que será entregada con mucha voluntad y el solo encargo de rezar por el "alma nueva".

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