sábado, septiembre 18, 2010

¿HAS COMIDO?

SIMBOLISMO EN LA COMIDA ANDINA


Por Yenine Maria Ponce Jara

Un símbolo es la representación corpórea de una idea y posee significado propio. La percepción simbólica y su lenguaje consisten en reconocer asociaciones analógicas entre contenidos diferentes y emplearlas como método de conocimiento. A diferencia de los signos, que pueden ser comprendidos por los seres humanos y por ciertos animales; los símbolos son exclusivamente humanos, y tienen un significado más amplio.
En las muchas formas de las que se compone la comunicación humana, superando la verbal, escrita o visual, está la simbólica, estrechamente ligada a lo cultural, que mediante formas diferentes expresan más que mil palabras.
Hay una clara convicción entre los pobladores andinos que los insumos vegetales o animales que intervienen en la preparación de los alimentos, poseen entre ellos, un rango diferenciado, de sacralidad. A casi la totalidad se les atribuye origen divino, se piensa que son otorgados por los dioses que demuestran así su amor por la humanidad. La preparación de los alimentos está dentro de los roles y espacios femeninos, la habitación donde se cocina y el fogón son considerados simbólicamente femeninos, el fogón es denominado familiarmente entre los aymaras como la “aguicha” (abuela), y la cocina es el “taypi”, centro o corazón de la casa, desde donde se irradia el amor, que mantiene a la familia unida.
La comida ceremonial y festiva, no sólo está en relación a determinadas formas de preparación de animales y vegetales específicos para cada ocasión, sino que además mantienen una relación con los ciclos agrícolas. El ancestral “chiri uchú” (ají frío o plato frío incaico), de la ciudad del Cusco, Perú, se sirve en ocasiones especiales como bautizos, bodas, entierros u otros a partir del mes de junio, alrededor del solsticio de invierno del hemisferio sur, que corresponde al tiempo seco, tiempo de los “Apus”, (dioses tutelares masculinos), momento de cosecha, hasta su culminación en el equinoccio de primavera en el mes de setiembre, e inicio del tiempo húmedo, tiempo de la “Pachamama”, (madre tierra), momento de la siembra.
Los ingredientes, al transformarse por intervención humana, son dotados de una energía especial que se materializa en la comida preparada, que por muy frugal que sea, es alimento puro de acuerdo a nuestras convicciones quechuas y aymaras. Esta comida cocida o preparada, posee aun un mayor simbolismo, por medio de ella manifestamos consideración, respeto, amistad; coincidiendo con los espacios de cotidianidad o de ceremonia, la comida nunca deja de ser la forma más importante de decir “te quiero”, y que asociada al tipo de alimento que se ofrece, a la parte o fragmento de animal que se coloca en el plato y la generosa cantidad que se sirve, puede significar “a ti te quiero más” o “a ti te respeto más”.
En todo el sector andino del Perú ofrecer algo de comer al visitante es una clara muestra de bienvenida y de consideración, recibir la comida con muestras de sumo agradecimiento y acabarla en su totalidad, es devolver las consideraciones manifestadas. El protocolo andino no admite comida devuelta, la ofensa manifestada de esta manera puede ser considerada más que una falta de educación, una afrenta: “¿me desprecias?” es la frase común de protesta. Las sobras en el plato, son una terrible falta de educación, trasladar la comida a otro recipiente y llevarla consigo para comerla después, amilana la posible sensación de grosería que podría percibir la persona que ofrece.
A pesar de que la costumbre conserva una relación entre el tipo de celebración y la comida que se servirá, la calidad de organización de fiestas y ceremonias se mide por el sabor, calidad y ración de alimento servido en cada plato, el mayor esfuerzo de gasto económico y dedicación de tiempo se le da a la preparación de los alimentos. El prestigio de los anfitriones radica en ello, La comida servida y alcanzada por la misma dueña de la casa es también sinónimo de deferencia, afecto y respeto, entre los quechuas y aymaras del sur del Perú, aún en celebraciones con asistencia de una muchedumbre de invitados, la anfitriona alcanzará el plato de comida a las manos de los familiares y los amigos que merecen mayor consideración.
Ningún miembro de la familia que llegue al hogar después de la jornada deja de ser interrogado por las mujeres de la familia si ha comido o no, el hijo ya independiente que llega a la casa paterna, será recibido siempre con un plato de comida preparado en casa, humeante, sabroso, abundante, como el amor andino.

No hay comentarios:

Publicar un comentario