domingo, julio 04, 2010

EL PANORAMA CULTURAL EN MADRE DE DIOS


Por: Yenine Maria Ponce Jara

Las evidencias de ocupación humana más antiguas en la cuenca del río Madre de Dios, están asociadas a los petroglifos en la cordillera de Pantiacolla, cabeceras del río Madre de Dios. Los petroglifos de Pantiacolla, pueden estar asociados al período Formativo Selvático (2,000-1,000 a C.), el clima húmedo de esta región no ha permitido conservar mayores registros arqueológicos para Madre de Dios, por tanto no se puede correlacionar con otras evidencias arqueológicas de la Amazonía Superior lo cual es una enorme limitante para determinar datas arqueológicas.
Correspondiente al período de Desarrollo Selvático (1,000 a.c.- 1,000 d.c), cambios en la cerámica, alrededor de 200 a. C. se relacionan con migraciones de poblaciones del Amazonas central (Myers 1988:59). Junto a esta cerámica se encontraron evidencias de una incipiente industria textil, sobre todo de producción de protectores contra los mosquitos (Myers 1988: 60).
El período que en los Andes comprende el momento de la expansión Inca, es denominado período Tardío (1,000 d.C.-1,500 d.C.), los cambios en las tradiciones de cerámica existentes, hacen pensar en nuevas migraciones de poblaciones Tupí hacia la Amazonía Superior. Descendientes contemporáneos de poblaciones de habla Tupí son diversos y se distribuyen en otros espacios amazónicos relativamente alejados de la cuenca del río Madre de Dios.
Otras evidencias arqueológicas, registradas dentro de la cuenca del río Madre de Dios, específicamente en el río Karene, pero que podrían corresponder a tiempos más recientes que este período tardío (1,000 d C. - 1,500 d C.), corresponden a cerámica y hachas de piedra de manufactura Harakmbut (Aikman 1983). En el Lago Sandoval, cerca de Puerto Maldonado, se han encontrado otras evidencias arqueológicas en un área históricamente ocupada por Ese Ejas (Gonzáles del Río 1973).
La presencia Inca en Madre de Dios está relacionada al afán expansionista de las fronteras agrícolas iniciadas por Pachacutec y llevadas a cabo por Tupac Inca Yupanqui.(Vera y otros 1986: 22). Sin embargo, ello no excluye que mediante relaciones de intercambio, ya había contacto previo del grupo Inca con las poblaciones indígenas amazónicas de la cuenca del Madre de Dios.
Los cambios socio - culturales y políticos experimentados en los Andes, como consecuencia de la conquista y el colapso inca interrumpe la ancestral relación comercial que existía entre el Inca y las comunidades nativas de estas regiones (FENAMAD 1992) y que, posteriormente tenga que rehacerse, avanzados los tiempos coloniales y republicanos, vía otros circuitos de intercambio. La vinculación de Madre de Dios con el resto del país y del mundo adoptó la forma de una frontera elástica entre la sierra y selva, según los avances y repliegues de las economías extractivas del oro y la cascarilla.
Puerto Maldonado es creado en 1900. El Comisariato del Madre de Dios y Acre se establecen en 1901, para entonces ya se hallaban dispersas cientos de barracas caucheras operando a todo lo largo de la región, en lugares como los ríos Manu, Madre de Dios, Las Piedras y Tahuamanu. Los patrones caucheros de entonces eran mayormente españoles, loretanos y arequipeños, el ciclo económico cauchero, tuvo como consecuencia inmediata la dislocación de las comunidades tribales: al principio el caucho fue producido por indígenas Asháninka y otros traídos de las selvas central y norte, ya que los primeros caucheros masacraron a los indígenas autóctonos como Ese'eja, Amarakaeri, Arasaeri, Kisambaeri, Pukirieri, Sapiteri, Toyoeri, Wachipaeri, Iñapari, Machiguenga, Piro y otros que sobrevivieron las epidemias, los ataques armados y las correrías por mujeres y niños esclavos, los sobrevivientes se replegaron desde los ríos centrales hacia zonas de difícil acceso donde no había caucho que explotar (Eori 1990:1-2)
Con el derrumbe de este ciclo, por la industrialización del jebe, los indígenas Shipibo-Conibo, Kichwa Runa (del Río Napo), Amahuaca, Cocama, Cocamilla, Witoto, Bora y otros traídos de otras partes de la selva se quedaron en Madre de Dios, al igual que algunos patrones y mayordomos, mientras los más prósperos patrones se fueron de la zona. Conformando grupos aislados, a veces asociados y un grueso de colonos.
La explotación de la nuez de castaña (Bertholletia excelsa) se inicia alrededor de los años 30; en los años 40 se introducen las primeras máquinas descascaradoras (la misma tecnología que se utiliza hasta hoy) y a partir de los años 60 se establecen en Puerto Maldonado, las primeras empresas exportadoras de esta nuez al mercado externo (García y Lossio 1997: 2), trayendo consigo otro oleaje migracional que pobló este territorio
Las carreteras construidas posteriormente para la comunicación con el departamento del Cusco, posibilitaron la expansión del frente de extracción de maderas valiosas, que ya existía anteriormente, y la mayor afluencia de población migrante de origen cusqueño hacia Madre de Dios.
A su vez, los auges económicos de la castaña y la madera en los años '60 permitieron la entrada a Madre de Dios de empresas transnacionales asociadas con capitalistas cusqueños y arequipeños, además de una nueva capa de comerciantes, mayormente cusqueños de provincias, que llegaron a conformar el grupo de poder económico en Madre de Dios (Eori 1990: 2).
El Estado entre los años 60 y 70 fomentó las colonización en la selva, con el objeto de convertir a los colonos en productores con una orientación hacia el mercado (Barclay 1991: 65), en Madre de Dios, el proceso fue más lento, el factor dinamizador se dio con la apertura de la carretera Cusco-Quincemil-Puerto Maldonado y la actividad de la minería aurífera dio inicio creciendo vertiginosamente.
En los años 70 se produce el primer boom de la extracción del oro, con la localización de sitios de alta concentración de oro aluvial en los lechos de los ríos Madre de Dios, Inambari, Karene (Colorado) y Huepetue. En los años 80, la migración a los lavaderos de oro se intensifica.
Hoy en día, el constante y nutrido oleaje migracional de pobladores del sur del Perú y en menor porcentaje de departamentos de la sierra centro y la costa ha matizado esta región con una vario pinta expresión cultural que ha desplazado peligrosamente las manifestaciones culturales propias y la ha despojando de identidades, lesionando la acción y el diálogo intercultural. Las Comunidades Nativas que ancestralmente reconocieron estos territorios como propios, específicamente Ese Eja y Harakmbut, mashiguenga y las que llegaron posteriormente durante la explotación de Caucho y el oro aluvial, así como la explotación de madera y castaña, han sido replegados hacia las montañas, actualmente son aglutinadas en una entidad denomina Federación Nativa del Rió Madre de Dios y sus Afluentes, FENAMAD.
Los grupos migrantes no han establecido procesos de identificación con el territorio ni la cultura de Madre de Dios, se mantiene una permanente ansia de retorno a la tierra de origen, aunque ya estén establecidos permanentemente, de tal manera que no son entes activos en el desarrollo cultural, social o tecnológico de este departamente. Esto a mi parecer es la principal razón del porque está sumida en una aparente pobreza y abandono, es necesario crear las estrategias necesarias para que la población diversa de los grupos migrantes se interesen en conocer y reconocer el pasado histórico y las potencialidades de Madre de Dios, y la reconozcan como propia.
Esto compromete al profesional antropólogo, como inicial y primordial tarea recuperar y restablecer el reconocimiento de las manifestaciones culturales propias de la región y que estas vayan ganando trascendencia tanto como las establecidas por los grupos migrantes, como tarea está también reconocer, restablecer y en algunos casos potenciar la amalgama de las identidades regionales diversas existentes en la región, por medio de una serie de actividades sobre todo dirigidas a la población más joven y sobre todo en coordinación con las direcciones de educación y cultura de los gobiernos locales y regionales, para promover el desarrollo de la multiculturalidad y diversidad de Madre de Dios.

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