lunes, marzo 08, 2010

NADIE SABE DE TU VALOR SALVO TU MISMA

A NELLY, MI MADRE, CON ADMIRACION,
PARADIGMA Y EJEMPLO DE VALOR


Por: Yenine Ponce Jara

Dos de los aspectos sociales más desafiantes que pueden bloquear el cambio social positivo son el género y la cultura. Las relaciones y los roles de género se consideran como los aspectos más internos de la estructura de nuestra tradición cultural, la cultura y la tradición se consideran algo inmutable, cuestionarlos es un desafío a los fundamentos mismos de nuestra identidad, y la resistencia no solo se manifiesta del otro lado, vale decir desde la experiencia masculina sino que, peor aun, la resistencia más firme es de las propias mujeres. Y ese esfuerzo por vencer el desequilibrio de poder existente entre varones y mujeres se convierte en algo políticamente difícil, cuando percibimos que algo está mal es más fácil denunciarlo si está en los otros, pero cuando está metido en la cultura, que es el todo y abarca religión, política, y los aspectos sociales y sobre todo la vida personal, es muy difícil discernirlo porque el mal está inserto en las estructuras cotidianas, y por muy nocivo que sea lo naturalizamos, y creemos profundamente que así debe ser, lo que define Pierre Bourdieu como violencia simbólica
Es cierto que a lo largo de la historia, las mujeres hemos sufrido exclusión y subordinación, es cierto también que históricamente hemos alzado la voz para denunciar las injusticias de un sistema patriarcal y androcéntrico. En el siglo XVIII se denunció abiertamente la posición social y cultural que establecía el concepto de inferioridad de las mujeres, y que asentadas en las diferencias naturales habían derivado ya en desigualdades sociales y políticas. En el siglo XIX aparece la lucha de la mujer por el derecho al trabajo y fundamentalmente al sufragio.
El gran salto lo da Simone de Beauvoir cuando publica "No se nace mujer, se llega a serlo", demostrando que no es lo biológico lo que reviste a la mujer, sino la cultura la que elabora “el ser mujer”, nuestra feminidad, roles, ideas, conceptos y comportamiento. Ella afirma que el sujeto universal era sólo particular, masculino y patriarcal, y este no era cualquiera, sino jerarquizado, blanco, occidental y adulto, excluyente y definido por la violencia.
En los años 70 el feminismo anglosajón impulsó la categoría "gender", o género, para diferenciar las construcciones sociales y culturales de lo biológico, que permite decodificar el significado que las culturas otorgan a las diferencias de sexo.
Género es entonces una construcción simbólica que alude al conjunto de atributos socioculturales asignados a las personas a partir del sexo y que convierten la diferencia sexual en desigualdad social. La diferencia de género no es un rasgo biológico, sino una construcción mental y sociocultural que se ha elaborado históricamente. Por lo tanto, género no es equivalente a sexo; el primer término se refiere a una categoría sociológica y el segundo a una categoría biológica. Las relaciones de género son la manera cómo las sociedades y culturas estructuran la interacción entre las categorías sociales de "hombre" y "mujer" en un marco de distribución de poder, prestigio, responsabilidades, tareas y beneficios. Los "sistemas de género" implican, cómo una sociedad o cultura estructura las relaciones de género, cómo las transmite a todas las esferas y niveles de la vida social, interactuando en una dinámica social, el conjunto de mecanismos y actores que originan procesos sociales de continuidad y cambio, como si fuera un sistema. Los sistemas de género son análogos a otros sistemas de diferenciación social.
La importancia del concepto de género es que equipara las diferencias biológicas con la adscripción a determinados roles sociales. El concepto nació, precisamente, para poner de manifiesto una relación desigual entre los géneros, mujeres y varones, entendidos como sujetos sociales y no como seres biológicos. Ahora empiezan también a centrarse en el estudio del papel de los hombres como género. Afortunadamente, muchos hombres comienzan a estar interesados en desmontar la visión androcéntrica que ha dominado todas las disciplinas humanas desde sus inicios hasta nuestros días: desde la filosofía y la historia, pasando por el arte, la literatura, la lingüística, la política, el derecho, la sociología, la psicología, la ciencia, etc. y, cómo no, los estudios culturales. De esta forma, en los últimos años han proliferado las publicaciones de temáticas culturales a las que se aplica una perspectiva de género.
Si las formas culturales han sido construidas por varones, ¿por qué las mujeres nos seguimos aferrando a ellas?, hoy en día hemos avanzado mucho desde la primera propuesta, se ha incrementado a la teoría de género con visión feminista nuevas corrientes teóricas, se ha establecido un nuevo bloque conjuntamente que las minorías étnicas y el movimiento gay, se habla hoy de corrientes científicas de feminismo muy especificas como el neo feminismo, feminismo post moderno, género y teoría del sujeto, género y sociedad, etc., sin embargo cuando abordamos el enfoque cultural se piensa que estamos perturbando los roles y las relaciones de género que son característicos de una cultura y provoca temor de que se esté imponiendo nuestros propios valores culturales importados o prestados al fomentar la igualdad o equidad de género, no somos capaces de reconocer las formas cotidianas de resistencia que presentan los propios grupos subordinados, la cultura y la tradición se consideran algo inmutable y se convierte en el lugar de resistencia, las relaciones de género son “sector prohibido”; y la voluntad para compensar el desequilibrio de poder existente entre varones y mujeres se convierte en algo políticamente difícil de abordar.
Lo que hay que comprender, si bien es cierto como un proceso a mediano o largo plazo, es que las culturas no son fijas ni inmutables, todo lo contrario son dinámicas desechan lo inservible e incorporan nuevos comportamientos y asumen nuevas entidades, solo hace falta voluntad.
El feminismo ha avanzado tanto que ya quedó claro que las mujeres no estamos en competencia con los varones, el ansia no es hacer lo mismo que ellos, ya no estamos luchando por involucrarlos con el trabajo doméstico o por independencia económica, o por alcanzar un espacio laboral, eso está establecido, está sobre entendido.
Lo importante es tener claro que las mujeres hoy ya hemos alcanzado independencia, y existe en la mayoría de nuestros países un marco legal que la ampara, solo nos toca ejecutar los derechos alcanzados, deducir con claridad que estemos casadas, acompañadas o no, la maternidad es una opción, si asumimos esa responsabilidad la asumimos nosotras porque nos sentimos en la capacidad emocional, psicológica y económica de criar hijos incluso SOLAS. Ya no es, no, el tiempo en que las mujeres dependíamos económicamente de los varones, o del padre o padres de nuestros hijos, la responsabilidad masculina es relativa, la decisión directa de la maternidad es de la mujer, y se asume con responsabilidad y suficiencia, no se mendiga pan para nuestros hijos se hace el esfuerzo para proveerles nosotras mismas, o se opta por la decision de no tenerlos.
La idea clara como sujeto social con derechos ciudadanos se manifiesta en la acción decidida de superación, de profesionalismo, de desarrollo personal, de metas continuas, estudio permanente y de esfuerzo constante para obtener aquello que queremos ese debe ser el paradigma y aferrarnos a lo que hemos conseguido por ESFUERZO PROPIO, es lo que debe incentivar nuestra vida y nuestro que hacer.
Mujeres y varones debemos entender que hay metas personales paralelas, que los afectos están en un plano y el desarrollo personal, la independencia económica y la voluntad de crecer, en otro, que el amor de pareja es muy importante, pero absolutamente prescindible, que el matrimonio o la unión de pareja es voluntaria que no nos ata, que nada nos impide VOLAR, en compañía o sin ella.
Que las mujeres de hoy expresan su deseo directamente y deciden hacer lo que les gusta o lo que les conviene sin pensar en sacrificios por los demás, YA NO es el tiempo de MARTIRES, las mujeres ahora solo nos sacrificamos por lo que vale la pena.
Es importante señalar que no se trata de construir nuevos estereotipos culturales que condicionen y no permitan la creatividad en la relaciones varón-mujer, sino que cada uno ejerza y asuma virtudes, valores, respeto por el otro. No es que el hombre tenga que ser fuerte y la mujer tierna, sino que hay un modo de asumir la ternura propia de la mujer y del hombre. Lo importante es superar los igualitarismos y la subordinación
La lucha por replantear los significados de las entidades sociales y producir cambios en las prácticas culturales y sociales, es nuestra responsabilidad. Las mujeres debemos con actitud decidida desmantelar las jerarquías de género y clase, y no ser cómplices de un sistema injusto poniéndonos de su parte por mantener un status quo cultural, si seguimos aferrándonos a las formas culturales nocivas vamos a seguir colaborando para que roles y relaciones de género jerárquicas, se sigan manteniendo como algo fidedigno e invariable, y provocando en las generaciones venideras la certeza errónea de que esas estructuras son invariables y correctas.
Foto: Mujeres paquistaníes armadas, en un rol de "espacio masculino", pero conservando la condición cultural de mujer representada por su vestimenta.

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