martes, febrero 16, 2010

RELIGIOSIDAD ANDINA



Por: Yenine Maria Ponce Jara

La evangelización española durante la colonia intentó sin éxito extirpar la religión nativa del pueblo andino; jesuitas, dominicos y franciscanos optaron por cristianizarlo acomodando su conceptualización original a la nueva religión, el resultado de este encuentro ha sido que muchos juicios de la religión original se han conservado atravesados por el cristianismo, que se incorpora en algunos o mantiene resúmenes de su esencia en otros.

El verdadero proyecto evangelizador de la colonia fue borrar la religión autóctona, pero una gran parte de los pueblos quechuas y aymaras han resistido dejando que su identidad religiosa original se enriquezca con el cristianismo; en la actualidad encontramos en el hombre del ande una religión que tiene tanto una dimensión autóctona como una dimensión foránea, católica. Esto hace que entre las comunidades tradicionales la fiesta más importante del cristianismo, como es la Navidad, no tenga la relevancia de los carnavales (en aymara mara anata), la fiesta del sol o fiesta del tiempo seco(en quechua Inti Raymi) en el solsticio de invierno o el año nuevo andino (Machaq Mara en aymara o Mosoq Wata en quechua), épocas propicias para efectuar las ch'allas (ofrendas), en agradecimiento a los dioses por lo recibido, o para propiciar su bondad; sin embargo, es común también que estas celebraciones incluyan bendiciones de sacerdotes o misas católicas.
Y es que el hombre andino, como ya se ha mencionado en entradas anteriores, ha ordenado mentalmente el mundo material y el mundo espiritual desde el centro (taypi), el equilibrio de los dos ejes de su pensamiento dual.[1] Entre los aymaras el centro es el altiplano, “arriba” son las dos grandes cordilleras de los Andes, la Oriental o Real y la Occidental que flanquean la meseta, y “abajo” es el otro lado de las cordilleras; este abajo está formado en el oriente por los valles subtropicales y las grandes llanuras y selvas tropicales, y en el occidente por las quebradas de la precordillera, las pampas áridas y desérticas cerca de la costa, y el océano Pacífico.

El oriente es positivo, por allí aparece el sol que da vida, también las lluvias que fecundan la tierra, la exuberante vegetación de sus valles simbolizan fertilidad y abundancia, por ello las ofrendas de los rituales son colocadas en dirección oriente. El occidente es negativo, esconde al sol, sus vientos son tutukas que traen sequía, sus tierras salitrosas son estériles. Cuando los viejos tocadores de sikus componen sus melodías escuchando al viento, serán los vientos de oriente los que inspiren las más dulces y los de occidente las de ritmo más acelerado y disonante.

Pero los contrastes en el mundo andino no son absolutos, las peores granizadas vienen de oriente y la sal de los estériles terrenos del poniente saboriza la comida; así, el arriba y abajo negativos y el abajo y arriba positivos se encuentran y equilibran en el centro.

Este ordenamiento binario en el plano espiritual se manifiesta colocando dioses, apus, mallkus y achachilas arriba, mientras que abajo están los espíritus, los gérmenes, las enfermedades, la escasez, la abundancia, la música y la magia. En el centro están la Pachamama y los seres vivos, los hombres, sus creaciones y cultura (ver Girault; 1988, pp. 271-274).

Esta visión tripartita fue adaptada por los evangelizadores cristianos; el alaxpacha[2] (arriba) como el cielo donde habitan Dios, la virgen y los santos. El acapacha (espacio de los seres vivos), donde están los hombres y, finalmente, el manqhapacha (el mundo interior o abajo), donde habita el demonio y es el infierno. También se explicó así la “santísima trinidad” y la jerarquía de las fuerzas divinas: arriba el Dios creador absoluto (padre, hijo y espíritu santo para la ocasión), la entidad mediadora, María Virgen la madre de Dios y de todos los hombres, y abajo el anti dios, el demonio, el mal absoluto.

La concepción cristiana occidental basada en un total antagonismo solo concibe el bien y el mal, Dios y Satanás; la tierra como el valle de lágrimas donde el hombre define su destino ya sea entregándose a Dios, o a Satanás, para luego gozar de la salvacion eterna o del castigo infinito.

La oposición absoluta entre el arriba y el abajo deja sin acción al equilibrio del hombre andino y los desconcierta, porque nada en su mundo es tan extremo, es más bien un positivo negativo y negativo positivo. De acuerdo al principio estructural básico del pueblo andino, hay reciprocidad simétrica entre alaxpacha y manqhapacha, cielo e infierno se complementan y equilibran con el akapacha. De esta manera se mantiene también el principio ético y práctico del justo equilibrio entre los extremos llamado Tinku; gracias a este encuentro o Tinku, el pacha (espacio) de arriba y el de abajo se acercan hasta igualarse en el taypi, que es la tierra de los seres vivos (akapacha). La presencia de fuerzas opuestas no se contradicen sino que se complementan, se necesitan mutuamente, las fuerzas y contra-fuerzas se enfrentan y combaten en el medio o centro (taypi), esto produce una nivelación que es el equilibrio, la armonización de las fuerzas. Los conjuntos de "tocadores" de sikus se encuentran en el taypi, que viene a ser la plaza o el espacio sagrado y tocan al mismo tiempo en contrapunto (tinkuy), y se armonizan entre ambos y con los sonidos de la naturaleza y del espacio que los rodea, se equilibran, ninguno de los dos dejará de tocar primero, o se callan al mismo tiempo o se mantienen tocando sus cañas hasta que ocurra algo que les obligue a callar. Las fuerzas opuestas en la visión cristiana, en cambio, son antagónicas porque se excluyen.

En el alaxpacha (arriba), están los Dioses que llenan de dones a los hombres y cuidan su entorno, pero estos cuando no son atendidos debidamente o son ofendidos pueden tornarse terribles y fieros, entonces es necesario recurrir a las fuerzas opuestas o fuerzas equilibrantes para mantener el orden, propiciar un tinku entre el orden y el caos. Manqhapacha no es sinónimo de infierno o maldad absoluta, sólo es la contraparte del orden, ese caos que es necesario para la existencia de la armonía, sólo es necesario proceder con respeto y permiso.

Sin embargo la visión cristiana ha trastornado el ordenamiento del cosmos andino, todas las divinidades de arriba están ahora identificadas con el cristianismo, y por oposición las de abajo con el anticristianismo que son los antiguos dioses andinos, el otrora alaxpacha se ha vuelto maligno. Sin embargo observemos un recurso sorprendente, los entes equilibrantes de otrora los dioses del centro mismo como la Pachamama conservan su función mediadora, porque siguen siendo el nexo que integra sus contraposiciones, y en los densos sincretismos (sincretismo como reinterpretacion), es identificada como la madre equiparable con María Virgen, la mediadora entre su hijo y los demonios que se postran a sus pies.

La religión andina actual es una síntesis armoniosa entre la religión original y la religión cristiana; fundamentada en una identidad que inspira respeto y admiración por su resistencia, una identidad que da sentido a su existencia en este mundo y que busca el equilibrio en su centro que es la tierra. El hombre del ande ha adaptado a sus propias necesidades a su mentalidad y visión del cosmos, no sólo la religión colonizadora, si no la modernidad que hoy lo atrapa, sin perder su carácter propio como personas y como cultura.

[1] El Dualismo, considera pares a dos elementos antagónicos pero a la vez complementarios que conforman la unidad, estos pares incluyen siempre un ente mediador “el equilibrio” que posee mayor importancia o concentra poder, los aymaras no conciben el equilibrio como un balance de fuerzas contrarias, y al mismo tiempo, complementarias.
[2] Alaxpacha; acapacha, y manqhapacha, en aymara o Hake Aru y Hananpacha; Kaypacha y Ukhu pacha en lengua quechua o Runa Simi

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