lunes, febrero 15, 2010

ARTE Y MEMORIA EN LA COSMOVISION ANDINA

Por: Yenine Maria Ponce Jara

Kai awanaico ñukaicupacc tiksi muyupi jinarajmi runacuna kausaicu sumac k´canchac k´caytu jinun wichuñapis p´awarin páwarin ñayaniycutapis mask´aric jinaracmin sumac kilkaycuna awaskaycupe.[1]
Paulina Pacori, 52 años (Chincheros, Cusco 1998)

La imposibilidad de nuestros colonizadores de comprender una escritura diferente a la occidental, hizo que consideraran a la cultura andina como “ágrafa”, sin embargo, la constante investigación sobre el contenido ideográfico e iconográfico, además del significado de la combinación de los colores, en la decoración de textiles, ceramios, metales, muros y otros, ha determinado hoy en día la posibilidad de considerar otro tipo de escritura en la cultura andina para transmitir mensajes, ideas y enseñanzas. Si bien este sistema es mucho más complejo de descifrar, lo cierto es que su uso es particular y local, y por supuesto ha resguardado de mejor manera contenidos y mensajes, que al no ser entendidos en su amplitud resistieron la extirpación de idolatrías durante la colonia y se mantienen vigentes hasta hoy.
Los textiles andinos por ejemplo son una muestra clara, de códigos que nos permiten aproximarnos a nuestro pasado histórico con mayor veracidad, sus diseños plasman en el entretejido las identidades de sus pueblos de origen, estableciendo diferencias. Por ello la lectura de las líneas y colores, debe ser particularizada en cada región, y es imposible comprender la simbología de los textiles sin conocer el contexto histórico, el modelo religioso y el espacio temporal que los produce y de los cuales son expresión.
El hombre andino ha ordenado mentalmente el mundo material, y el mundo espiritual desde el centro (taypi), el equilibrio, de los dos ejes de su pensamiento dual. El dualismo es un principio clasificatorio integral que organiza el tiempo, el espacio, la naturaleza, el cosmos y el imaginario compuesto por dos elementos antagónicos pero a la vez complementarios; las comunidades sociales andinas dividen sus poblaciones y sus tierras en dos partes: arriba y abajo u obedeciendo aspectos direccionales como derecho e izquierdo, asignación de femenino y masculino concediéndoles cualidades de género a todos los componentes de la naturaleza y a todas las realidades abstractas del pensamiento.
Este concepto de centro, derecha e izquierda del imaginario andino se manifiesta en los tejidos andinos, desde el origen de la fibra. Así las vicuñas son sagradas (taypi), y su filamento estará siempre destinado a tejidos rituales, las alpacas son femeninas (izquierda) las llamas son masculinas (derecha), la lana de alpaca por su textura es utilizada para el tejido de prendas de vestir, la hebra de lana de llama en cambio por su resistencia es más apreciada para la manufactura de talegas que contendrán semillas o el producto de la mies.
El hilado de la lana (Willma en quechua, T´aura en aymara), también encierra conceptos de pares. El torcido de la lana o hilado puede ser de dos formas, “...cuando el hilo es torcido a la izquierda se denomina Chek`a, es decir hembra y se considera al hilo más duradero y resistente, cuando es a la derecha de denomina Cupe, macho, y se considera al hilo menos duradero” (Venancia, 50 años, Cutimbo, Puno, enero 2006).
La conformación de la rueca, instrumento utilizado para convertir la lana en hebra Phuska (quechua) o K`apu (aymara), también está dividida en dos partes Tisi o Caphu Tisi y Phiriru, el hilado por lo general está a cargo de las mujeres. Algunas veces para los tejidos más gruesos se unen ambos hilos logrando así el equilibrio de la paridad.
La confección en telares de paños o telas está a cargo de los varones, luego que las mujeres entregan la hebra hilada, las frazadas también estarán a cargo de ellos, así como los ponchos, la confección de ropa es casi exclusivo mujeres, “...así como tenemos nuestros hijos igualito hacemos nuestras ropas...” (Sebastiana, 72, Huaran, Calca, Cusco 2001).
Los tejidos también están divididos en dos partes unidas por el centro denominado “Pallay” (algunos lo denominan “Tocaphu”). La generalidad de las veces ambos lados presentan casi imperceptibles diferencias que les da la calidad de femenino o masculino, o derecha e izquierda; cuando los tejidos son de importancia los Pallay son los que contienen la mayor cantidad de iconografía, y color y es en este taypi (centro) que se registra la narración que se quiere imprimir en el tejido. Las fajas o Ch`umpis son un ejemplo, así como las Unk`uñas[2] ceremoniales.
Los tejidos, son considerados “vivos”, por nuestras poblaciones tradicionales, por ello los paños nunca son cortados, poseen cuerpo, cabeza y pies. Escuché el reclamo airado de una mujer a su hijo por colocar “de cabeza” un saco de semilla en la Comunidad de Chahuaytiri, Pisaq, en Cusco, la referencia no era al contenido sino al saco: “...imanajtin custalata umachaquinmanta churanqui? ¡¡Ñuka kantarac umachaquinmanta churaskayki”!![3]
Los hombres y mujeres que tejen, otorgan vida desde el momento de ser hilada la lana hasta la conclusión del textil. En las comunidades más tradicionales, también implican rango y prestigio; al conformarse una nueva familia las prendas tejidas por los familiares serán los regalos más preciados: “... A mí me han dado mis familias cuatro polleras, un poncho y dos licllas[4] y todas las frazadas que estamos usando, acaso mi cuñada ha traído así? Su ropa que está usando no más ha traído”. (Juanita, Cusco 2004)
En otros contextos, y entre las comunidades exógamas,los textiles implican, en el contenido de sus diseños y colores códigos de comunicación entre las potenciales parejas, y que es factor determinante para la unión; durante las celebraciones o festividades, los colores de las mantas de las mujeres y los ponchos de los varones explicarán si son de valle o de altura, sin son poseedores de campos de cultivo o de pastizales para el pastoreo, si tienen acceso a agua o no. Muchas veces la iconografía describirá historias familiares o acontecimientos importantes ocurridos en la comunidad. Por ello los tejidos narran historias, llevan cuentas y mantienen la tradición oral de sus pueblos de origen, no solo en su técnica de tejido sino en la iconografía y colores que contienen, en la función que desempeñan y la simbología de la explicación a su uso. Poseen rangos, status y determinan a los hombres y mujeres que los llevan llenándolos de prestigio y respeto, o evocando su estado civil, su linaje o su poder económico y social.
Advirtamos entonces la importancia y la necesidad de proteger a los pueblos que mantienen la cosmovisión de sus expresiones textiles.

[1] Sawuñaja jiwasanki pachachanacawi utjawipa arco irisjama tatitunjama amparapjama wichuña tijumpi tijumpi sawuña jiwasa thakisa quelqhañani jiwasaña sawuña
El telar es nuestro mundo donde los hombres vivimos como los hilos de colores, que la mano de Dios con la aguja que corre y corre teje nuestro camino como los dibujos de nuestro tejido.
[2] Pequeños tejidos cuadrangulares donde se deposita la ofrenda o las hojas de coca y algunas veces el fiambre o “Cocawa”.
[3] ¡Por que haz puesto el saco de cabeza! ¡a ver a ti que te pongan de cabeza!
[4] Mantas rectangulares que usan las mujeres como tocados para protegerse del frío

2 comentarios:

  1. me gusta tus publicaciones
    yo tambien estoy metido en temas similares

    saludos, haber su podemos contactarnos. adios

    ResponderEliminar